Control de Enfermedades en las poblaciones
La
respuesta social a los problemas de salud
La
salud poblacional es un proceso determinado individual, histórica y
socialmente. El reconocimiento de que los determinantes de la salud existen y
actúan en distintos niveles de organización, desde el nivel microcelular hasta
el nivel macroambiental, ha traído consigo la expansión del concepto de salud
y, con ello, el replanteamiento de lo que debe ser la práctica racional de la
salud pública.
El
concepto amplio de la salud no solamente enfatiza la característica
multidimensional de la salud, sino también la existencia de salud positiva y,
con ello, prioriza la promoción de la salud. La Carta de Ottawa para la
Promoción de la Salud (1986) declara que, para alcanzar el completo estado de
bienestar físico, mental y social, el individuo y la población deben estar en
la capacidad de identificar y realizar aspiraciones, satisfacer necesidades y
cambiar o adaptarse al ambiente. La salud es, por tanto, vista como un recurso
para la vida cotidiana y no el objetivo de vivir.
Las
metas en salud, bajo esta perspectiva, se pueden resumir en las siguientes
cuatro:
•
Asegurar equidad en salud (salud para todos).
•
Sumar vida a los años (mejorar la calidad de la vida).
•
Sumar años a la vida (reducir la mortalidad).
•
Sumar salud a la vida (reducir la morbilidad).
Inspirada
en la naturaleza multidimensional de la salud y la visión de salud positiva, la
Carta de Ottawa orienta la respuesta social a las necesidades de salud de las
poblaciones en función a la acción sobre cinco áreas:
•
Formulación de políticas públicas saludables. Asegurar que las políticas
sectoriales contribuyan al desarrollo de condiciones favorables para promover
la salud, desde la elección de alimentos saludables, evitar el uso de alcohol y
el tabaquismo, hasta el favorecer la distribución equitativa del ingreso
económico, promover la equidad de género y aceptar la diversidad. • Creación de
entornos de apoyo social, físico, económico, cultural y espiritual. En estos
tiempos de rápido cambio y adaptación sociales, tecnológicos y laborales,
establecer las condiciones que produzcan un impacto positivo sobre la salud;
por ejemplo, seguridad urbana, higiene ocupacional, acceso a agua potable,
recreación; redes de apoyo social y autoayuda. • Fortalecimiento de acciones
comunitarias. Promover la participación de la industria, los medios de
comunicación y los grupos comunitarios en el establecimiento de prioridades y
toma de decisiones que afectan la salud colectiva; como ejemplo de estas
acciones están las correspondientes al movimiento de municipios y escuelas
saludables y la vigilancia en salud pública. • Desarrollo de habilidades
personales. Capacitar a las personas en conocimientos y habilidades para
enfrentar los retos de la vida y establecer objetivos de contribución a la
sociedad; por ejemplo, la educación del adulto, educación para la salud, manejo
de alimentos, potabilización del agua. • Reorientación de los servicios de
salud. Redefinición de sistemas y servicios de salud que consideren a la
persona en forma integral y no solamente como sujeto de riesgo; por ejemplo,
establecer redes de colaboración entre los proveedores y los usuarios de los
servicios de salud en la creación de sistemas de atención primaria a domicilio,
hospitalización en casa y servicios de desarrollo infantil.
Medidas
de prevención
Es
importante distinguir dos enfoques estratégicos básicos para la prevención y el
control de enfermedades: el enfoque de nivel individual y el enfoque de nivel
poblacional.
el
enfoque individual pone el énfasis de la prevención y el control de las causas
de la enfermedad en las personas, en particular en aquellas con alto riesgo de
enfermar;
el
enfoque poblacional lo pone en las causas de la enfermedad en la población.
Esto implica reconocer que un factor que sea causa importante de enfermedad en
las personas no es necesariamente el mismo factor que determina primariamente
la tasa de enfermedad en la población.
En
el enfoque individual, la intervención de control se dirige a ese grupo de alto
riesgo y su éxito total implica el truncamiento de la distribución de riesgo en
su extremo, como se ilustra esquemáticamente en el Gráfico 6.1A. La prevalencia
de exposición y el riesgo de enfermar del resto de la población, que es la gran
mayoría, no se modifican.
En
contraste, en el enfoque poblacional la intervención de control se dirige a
toda la población y su éxito total implica un desplazamiento hacia la izquierda
de la distribución en conjunto, como se ilustra esquemáticamente en el Gráfico
6.1B. La prevalencia de exposición y el riesgo de enfermar de toda la población
disminuyen colectivamente.
Ambas
estrategias de prevención y control tienen ventajas y desventajas y sus
enfoques son complementarios. En general, si el riesgo de enfermar o presentar
un daño a la salud se concentra en un grupo específico e identificable de la
población, como suele ocurrir en una situación de epidemia, el enfoque
individual es más apropiado.
Por
otra parte, comprender que el impacto potencial del control de un factor de
riesgo no solo depende de su importancia relativa –es decir, de su fuerza de
asociación con el daño– sino de la prevalencia de exposición a tal factor de
riesgo en la población, permitiría justificar la adopción de una estrategia
poblacional.
Por
ejemplo, aunque el riesgo de tener un hijo con síndrome de Down es 20 veces
mayor en mujeres de 40 y más años, se ha observado que más del 50% de todos los
casos de este síndrome nacen de mujeres menores de 30 años de edad.
El
conocimiento epidemiológico sobre las enfermedades permite clasificarlas y
obtener una medida de su importancia y posibilidad de prevención. El
conocimiento de la historia natural de una enfermedad nos permite prevenir y,
por tanto, la posibilidad de intervenir efectivamente sobre ella. En la misma
medida, la organización, estructura y Segunda Edición Revisada 10 Organización
Panamericana de la Salud / OMS capacidad de respuesta actual y potencial del
propio sistema de servicios de salud acota la capacidad de controlar e impactar
favorablemente sobre la salud de la población.
En
un sentido amplio y con fines prácticos, la prevención suele clasificarse en
cuatro categorías o niveles, que se corresponden con las diferentes fases de
desarrollo de la enfermedad (Cuadro 6.1):
• Prevención primordial; se dirige a evitar el
surgimiento y la consolidación de patrones de vida sociales, económicos y
culturales que se sabe contribuyen a elevar el riesgo de enfermar; éste es el
nivel de prevención más recientemente reconocido y tiene gran relevancia en el
campo de la salud poblacional; las medidas contra los efectos mundiales de la
contaminación atmosférica o el establecimiento de una dieta nacional baja en
grasa animal saturada son ejemplos de prevención primordial.
•
Prevención primaria; se dirige a limitar la incidencia de enfermedad mediante
el control de sus causas y factores de riesgo; implica medidas de protección de
la salud, en general a través de esfuerzos personales y comunitarios; la
inmunización, la pasteurización de la leche, la cloración del agua, el uso de
preservativos o la modificación de factores y comportamientos de riesgo son
ejemplos de prevención primaria. Los enfoques estratégicos individual y
poblacional revisados hacen referencia básica a la prevención primaria.
•
Prevención secundaria; que se dirige a la curación de las personas enfermas y
la reducción de las consecuencias más graves de la enfermedad mediante la
detección temprana y tratamiento precoz de los casos; su objetivo no es reducir
la incidencia de la enfermedad sino reducir su gravedad y duración y, en
consecuencia, reducir las complicaciones y la letalidad de la enfermedad. Los
programas de tamizaje poblacional, como las campañas masivas de examen de
Papanicolaou para detección y tratamiento precoces del cáncer de cuello
uterino, son ejemplos de prevención secundaria.
•
Prevención terciaria; se dirige a reducir el progreso y las complicaciones de
una enfermedad ya establecida mediante la aplicación de medidas orientadas a
reducir secuelas y discapacidades, minimizar el sufrimiento y facilitar la
adaptación de los pacientes a su entorno; es un aspecto importante de la
terapéutica y la medicina rehabilitadora. La prevención terciaria implica una
atención médica de buena calidad y es difícil de separar del propio tratamiento
de la enfermedad.
Medidas
de control
Los
servicios de salud a nivel local tienen que mantener una doble acción; por un
lado, proveer atención a las personas según sus necesidades individuales y, por
otro, desarrollar acciones dirigidas a la población en su conjunto, según
normas y prioridades establecidas. En un sentido amplio, ambas acciones
implican la aplicación de medidas de control; en el primer caso, el control de
la enfermedad en las personas, a través de servicios de salud; en el segundo
caso, el control de la enfermedad en la población, a través de programas de
salud.
Control:
es el conjunto de acciones, programas u operaciones continuas dirigidas a
reducir la incidencia y/o prevalencia de un daño a la salud a niveles tales que
dejen de constituir un problema de salud pública.
Podemos
distinguir al menos dos dimensiones que acotan el significado práctico del
término:
una
dimensión circunstancial y otra temporal, que depende del escenario específico
en que opera el control:
•
En un escenario epidémico, control significa conseguir rápidamente una curva
descendente y, eventualmente, agotar la epidemia; es decir, el retorno a los
niveles esperados. Aquí, la dimensión temporal del término control siempre
implica corto plazo (el retorno a los niveles esperados lo más rápidamente
posible).
•
En un escenario no-epidémico, la connotación práctica del término control es
dependiente de la dimensión temporal: – En el corto plazo, control denota
equilibrio de la situación no-epidémica, es decir, mantener el número observado
de casos igual al número esperado (sea este el nivel endémico o la ausencia de
casos). – En el largo plazo, control implica la reducción del riesgo de
enfermar en la población (reducción de la incidencia) a niveles tales que no
representen un problema de salud pública (o sea, la clásica definición de
control).
Las
medidas de alcance poblacional, por otro lado, se dirigen específicamente a
impactar sobre el comportamiento de la enfermedad en la población.
Clásicamente, las medidas de alcance poblacional se han definido en función de
sus objetivos en salud pública, que pueden ser el control, la eliminación o la
erradicación de la enfermedad y sus riesgos en la comunidad.
A
continuación revisaremos la definición y las implicancias en salud pública de
estos tres conceptos clásicos.
•
Control de la enfermedad: se refiere a la aplicación de medidas poblacionales
dirigidas a conseguir una situación de control de la enfermedad, es decir, la
reducción de la incidencia de la enfermedad a niveles en que deje de constituir
un problema de salud pública. Las medidas de control se dirigen a reducir
primariamente la mortalidad y la morbilidad de la enfermedad objeto de control.
El nivel de control dependerá de la enfermedad de que se trate, de los recursos
a emplear y de las actitudes de la población. Un ejemplo es el seguimiento de
personas sintomáticas respiratorias en la comunidad, que es una medida efectiva
para la detección de enfermos tuberculosos, particularmente bacilíferos
positivos, y cuyo objetivo es la reducción de la prevalencia de tuberculosis pulmonar
(y, en menor medida, la reducción de su incidencia).
•
Eliminación de la enfermedad: se refiere a la aplicación de medidas
poblacionales dirigidas a conseguir una situación de eliminación de la
enfermedad, es decir, aquella en la cual no existen casos de enfermedad aunque
persisten las causas que pueden potencialmente producirla. Por ejemplo, en
zonas urbanas infestadas por Aedes aegypti, aún en ausencia de la circulación
del virus de la fiebre amarilla, o del dengue, la simple presencia del vector
constituye un riesgo potencial para la eventual ocurrencia de casos. El
sarampión representa un modelo de enfermedad en fase de eliminación en la
región de las Américas.
•
Erradicación de la enfermedad: se refiere a la aplicación de medidas
poblacionales dirigidas a conseguir una situación de erradicación de la
enfermedad, es decir, aquella en la cual no solamente se han eliminado los
casos sino las causas de la enfermedad, en particular el agente. Es importante
señalar que la erradicación de una enfermedad adquiere su real significado
cuando se consigue a escala mundial. Por ejemplo, aunque la poliomielitis ha
sido “erradicada” de las Américas, la eventual importación desde zonas
infectadas, puede comprometer la erradicación. Por el momento, esta situación
de erradicación mundial sólo se ha logrado para la viruela y en las Américas se
intenta para la poliomielitis.
Factores
condicionantes del alcance de las medidas La decisión sobre el alcance de las
medidas a implementar está condicionada por los factores que determinan la
persistencia de la enfermedad, así como por la eficacia y factibilidad
operacional de tales medidas (a la eficacia operacional se le conoce también
como efectividad).
Condicionantes
de la eficacia de las medidas
La
eficacia de las medidas disponibles se determina por su capacidad de prevenir o
curar las enfermedades en los individuos. Para establecer la eficacia de las
medidas se debe comparar los resultados obtenidos con los esperados para cada
una de ellas. Por ejemplo, cuando se aplica una vacuna, el resultado que se
espera es que ninguno de los vacunados se enferme y que todos los casos que
ocurrieran fueran en individuos no vacunados. Esta situación daría una eficacia
del 100%. Las diversas vacunas disponibles tienen grados de eficacia variable;
la vacuna contra la fiebre amarilla tiene una eficacia cercana al 95%. Cuando
la proporción de casos entre personas vacunadas y no vacunadas es la misma, la
eficacia de la vacuna es nula o del 0%. Esto quiere decir que, aún cuando se
vacunó a un determinado número de personas, su riesgo de enfermar no disminuyó.
En otras palabras, la aplicación de la vacuna fue equivalente a no haber
vacunado. Es pertinente aclarar que la eficacia de la vacuna también se
relaciona con la respuesta del susceptible, pues por diversos factores
individuales, la respuesta inmunológica puede ser inefectiva y, aunque se haya
aplicado la vacuna, el título de anticuerpos no se eleve en el individuo a
niveles protectores.
Además
del grado de eficacia de cada medida, se debe considerar la duración de esta
eficacia. Por ejemplo, la vacuna contra la fiebre amarilla protege por períodos
de hasta 10 o 15 años y más, mientras que el rociamiento de viviendas para
controlar el vector tiene que repetirse cada 6 o 12 meses. Algunas medidas
tienen la ventaja adicional de que cuando se aplican a una persona, traen
beneficios a otras. El tratamiento de un enfermo tuberculoso bacilífero, por
ejemplo, resulta eficaz no sólo para el enfermo mismo sino que, además,
disminuye el riesgo de enfermar entre sus contactos.
La
eficacia de las medidas puede estar también condicionada por el comportamiento
estacional o cíclico (o ambos) de la enfermedad. Para el control de brotes, es
importante conocer el intervalo de tiempo necesario para que la medida se torne
eficaz. Por ejemplo, las vacunas necesitan un promedio de 10 días, el efecto de
los antibióticos puede manifestarse en 24 horas o varias semanas y la
destrucción de alimentos contaminados es inmediata.
Condicionantes
de la factibilidad operacional de las medidas La factibilidad operacional de
las medidas de prevención o de control está condicionada por la posibilidad de
que sean usadas a un nivel adecuado de cobertura e intensidad que permita la
reducción o interrupción de la transmisión.
Se
deben considerar los siguientes factores en el proceso de determinar la
factibilidad operacional de las medidas:
•
La extensión y la organización de los servicios de salud.
•
El valor o costo de la medida que se pretende aplicar (drogas, vacunas,
insecticidas, material educativo, mejoramiento de la vivienda, etc.).
• El tipo y cantidad de personal que se
requiere; hay medidas que pueden ser aplicadas por personal auxiliar
(vacunaciones, rociamiento de viviendas), otras necesitan de profesionales
especializados (tratamiento médico, descontaminación ambiental).
• El equipo necesario e instrumental
necesarios y la complejidad de su manejo; por ejemplo, el tratamiento
sindrómico de las enfermedades de transmisión sexual y su tratamiento etiológico.
•
La frecuencia con que se debe aplicar la medida; algunas vacunas se usan en
dosis única (sarampión, rubéola, antimeningocóccica, antiamarílica), otras en
dosis múltiples (tétanos, tosferina, hepatitis B); el tratamiento de la
tuberculosis debe hacerse a diario por lo menos durante dos meses; la
vacunación antirrábica canina debe repetirse anualmente; la cloración del agua
debe ser un proceso continuo; el tratamiento antibiótico a dosis única para las
enfermedades de transmisión sexual.
• Los efectos secundarios de las medidas; por
ejemplo, en el ser humano, reacciones digestivas, cutáneas y de otro tipo
pueden ocurrir a causa de la administración de drogas o vacunas; o en el
ambiente, la aplicación de pesticidas puede resultar en la contaminación de
alimentos y agua. Segunda Edición Revisada 18 Organización Panamericana de la
Salud / OMS
•
La aceptabilidad de la población; la aceptación por parte de la comunidad juega
un papel determinante en la selección de las medidas de control a aplicar.
Elementos como el costo al usuario, las reacciones secundarias, las creencias
individuales y colectivas, constituyen una parte importante.
Tipos
de medidas de prevención y control
Las medidas de control de una enfermedad o
daño a la salud se organizan en torno a los cuatro niveles de prevención
básicos: primordial, primaria, secundaria y terciaria.
Por su parte, las medidas de control pueden
estar dirigidas al individuo o a la población; pueden perseguir un escenario de
control, de eliminación o de erradicación y pueden ser, por su naturaleza,
generales o específicas. Desde un punto de vista operacional, y especialmente
para el control de enfermedades transmisibles, las medidas adoptadas también se
diferencian en función de su escenario de aplicación; así, pueden distinguirse
las medidas de control de brote (respuesta a la situación de alerta
epidemiológica) y las medidas permanentes de control de enfermedades.
En la práctica, las medidas de control de
enfermedades transmisibles se agrupan según los eslabones básicos de la cadena
de transmisión: agente, reservorio, puerta de salida, vía de transmisión,
puerta de entrada y huésped susceptible.
Dirigidas
al agente
Las
medidas de prevención y control pueden dirigirse a la destrucción del agente
y/o a evitar el contacto entre huésped y agente.
• Destrucción del agente (desinfección): el empleo de quimioterápicos y de
medidas tradicionales como la pasteurización de la leche y otros productos, la
cloración del agua y la esterilización del equipo quirúrgico son ejemplos de
estas medidas.
•
Evitar el contacto huésped-agente: las acciones fundamentales se dirigen a: –
Aislar y limitar el movimiento de los casos altamente contagiosos cuando existe
un gran número de susceptibles en el área o aislar a los más susceptibles
(aislamiento, cuarentena, cordón sanitario). – Buscar, identificar y tratar a
los enfermos y portadores, a través de la detección, diagnóstico, notificación,
tratamiento y seguimiento de casos hasta su período de convalecencia y total
recuperación (alta epidemiológica), sea a través de las actividades de
vigilancia o por investigación de campo. Dirigidas al reservorio Dependiendo de
la naturaleza, las medidas de control pueden dirigirse a los reservorios
humanos, animales o ambientales.
•
Reservorios humanos (casos clínicos y subclínicos y portadores, convalecientes,
crónicos e intermitentes): 21 Módulos de principios de epidemiología para el
control de enfermedades (MOPECE) Organización Panamericana de la Salud / OMS –
Aislamiento y cuarentena. – Quimioterapia, como tratamiento profiláctico para
eliminar el agente de pacientes infectados. – Inmunización para evitar el
estado de portador.
• Reservorios animales: – Inmunización de
animales salvajes y mascotas contra la rabia. – Control sanitario y quimioterapia
masiva de ganado para consumo humano, incluso eliminación de los animales
(teniasis, encefalopatía espongiforme). – Eliminación de garrapatas de ciertas
mascotas.
•
Reservorios ambientales:
– Desinfección de áreas contaminadas con heces
de aves y murciélagos.
–
Eliminación de criaderos de mosquitos.
–
Tratamiento de torres de enfriamiento y máquinas de aire acondicionado que
pueden alojar Legionella pneumophila.
Dirigidas
a la puerta de salida
El
agente suele salir del reservorio humano y animal por vías fisiológicas, tales
como la respiratoria y la digestiva. El control de la vía de salida
respiratoria es el más difícil y, por ello, históricamente ha dado lugar a
medidas de aislamiento y cuarentena de los pacientes. Las medidas de control
entérico, o sea, bloqueo de la vía de salida digestiva, comprenden mas bien
acciones de eliminación del agente por medio de la desinfección, incluyendo la
aplicación continua de medidas de higiene personal básicas. La vía percutánea
se puede bloquear evitando punciones de agujas y picaduras de mosquito y la vía
genitourinaria empleando preservativos; en ocasiones, la salida del agente por
vía transplacentaria, usualmente efectiva para contener infecciones, puede ser
bloqueada mediante la aplicación de medidas terapéuticas, como la
administración de antiretrovirales en mujeres gestantes infectadas por el VIH.
En estos casos se intenta evitar la contaminación de agujas, la infección del
vector y el contagio a otra persona, es decir, la medida de bloqueo de la puerta
de salida se dirige al reservorio de la enfermedad, usualmente el individuo
enfermo o infectado.
Dirigidas
a la vía de transmisión
El ambiente, como uno de los elementos básicos
de la cadena de transmisión, requiere de estrictas medidas de control, especialmente
de tipo permanente, para evitar la aparición de enfermedades transmisibles.
Entre
las principales medidas están:
•
Evitar que el agua, los alimentos y el suelo sean contaminados con excretas
humanas o animales u otros materiales biológicos potencialmente peligrosos para
la salud. Segunda Edición Revisada 22 Organización Panamericana de la Salud /
OMS
•
Interrumpir la transmisión a través de vectores o huéspedes intermediarios;
estas medidas son generalmente complejas por que requieren un conocimiento
detallado del comportamiento del agente causal, del intermediario y de la
propia ecología donde la enfermedad prevalece.
Varias
medidas han sido diseñadas para interrumpir el ciclo vital del agente
transmitido por vectores; estas medidas varían según la enfermedad en cuestión
pero las más comunes incluyen algunas de las siguientes:
– Evitar el contacto entre el vector y el sujeto infectado.
–
Prevenir la infección del vector con el agente.
– Tratar al sujeto infectado para que deje de
ser fuente potencial de infección.
– Exterminar al vector.
–
Prevenir el contacto entre un vector infectado y una persona susceptible. Los
huéspedes intermediarios son vertebrados e incluyen animales domésticos y
salvajes. Las enfermedades que afectan a estos animales a su vez pueden
propagarse al ser humano, las llamadas zoonosis. Algunas de ellas se transmiten
directamente, ya sea por contacto entre individuos susceptibles y animales
enfermos o sus excretas (leptospirosis, brucelosis), por la agresión del animal
al individuo (rabia), por contacto con productos animales (ántrax) o por
consumo de productos de animales infectados (salmonelosis, teniasis).
Las medidas para prevenir la introducción y
para controlar la propagación de las zoonosis generalmente incluyen:
•
Tratamiento o eliminación de animales enfermos.
• Inmunización de los animales cuando existen
medidas específicas de protección.
•
Evitar el contacto entre los animales enfermos y el individuo.
•
Esterilización de productos animales dispuestos para el consumo.
•
Eliminación de roedores domésticos.
Dirigidas a la puerta de entrada
Habitualmente la puerta de entrada es
biológicamente similar a la puerta de salida del agente y las medidas de
control también. Evitar la punción con agujas, las picaduras de mosquitos,
limpiar y cubrir las heridas y usar preservativos, son ejemplos de medidas de
control dirigidas a bloquear la puerta de entrada.
En
este caso, las medidas de bloqueo de la puerta de entrada se dirigen al huésped
susceptible, a diferencia de las de bloqueo de la puerta de salida, que se
dirigen al reservorio (el paciente), según hemos visto. Las puertas de entrada
respiratoria y digestiva son también las más difíciles de controlar; de hecho,
la aplicación de medidas masivas de eliminación o destrucción del agente por
medio de desinfección son las únicas que protegen estas puertas de entrada en
el huésped susceptible; si aquellas fallan, estas también y, por tanto, la
enfermedad se propaga con facilidad.
Dirigidas al huésped susceptible
Por
su carácter, estas medidas pueden ser de dos tipos: inespecíficas o
específicas. • Inespecíficas. Estas medidas están encaminadas a influir sobre
el estilo de vida a través de la promoción de la salud individual, la
influencia de la sociedad, la familia y el grupo social de pertenencia o
referencia, como elementos claves para desarrollar comportamientos saludables
que eviten la enfermedad en la población. Dependen tanto de valores sociales
como de intervenciones sanitarias. Las más comunes incluyen mantener medidas
higiénicas personales y colectivas, incluyendo una dieta balanceada, programar
tiempo de descanso y ejercicio, tomar precauciones universales para el cuidado
de personas enfermas, etc. Estas medidas generales son aplicables a todo tipo
de riesgo, enfermedad y daño y su importancia para el control de enfermedades
transmisibles es enorme. En el contexto de los servicios de salud, sean asistenciales,
de salud pública y epidemiología, de laboratorio o apoyo diagnóstico, es de
especial importancia considerar la aplicación rutinaria de medidas universales
de bioseguridad, para protección del personal de salud, los pacientes bajo
cuidado y la propia población; las medidas de bioseguridad son esencialmente
medidas de control de riesgos con potencial epidémico.
•
Específicas. Estas medidas están encaminadas a mejorar la habilidad del huésped
para resistir el ataque de agentes productores de la enfermedad, ya sea
disminuyendo su susceptibilidad, aumentando su resistencia o disminuyendo su
nivel de exposición al daño específico. La aplicación de vacunas, el uso
profiláctico de productos inmunológicos o farmacológicos y la aplicación de
medidas curativas y de rehabilitación en general son ejemplos de estas medidas.
Las enfermedades transmisibles, al igual que todo problema de salud, resultan
de la compleja interacción entre las personas y poblaciones sanas y enfermas,
el medio ambiente, los agentes patógenos y el contexto social, económico,
ecológico e histórico.
Esta
participación comunitaria se sustenta en:
i) la percepción de la población sobre el daño
que ocasionan estas enfermedades; ii) la precisión de las acciones que les
corresponde ejecutar; y, iii) el apoyo de las medidas regulatorias
gubernamentales. Segunda Edición Revisada 24 Organización Panamericana de la
Salud / OMS Algunas medidas de prevención y control de uso frecuente 1.
Aislamiento 2. Aplicación de gammaglobulina y sueros específicos 3.
Bioseguridad universal 4. Búsqueda y tratamiento de portadores 5. Cambios en
hábitos personales 6. Cloración del agua 7. Cocción adecuada de los alimentos
8. Consejería en servicio 9. Consejería genética y familiar 10. Control
biológico de vectores 11. Control de almacenamiento, manipulación y
comercialización de alimentos 12. Control de reservorios extra-humanos 13.
Control sanitario de mataderos 14. Cordón epidemiológico o sanitario 15.
Cuarentena 16. Descontaminación ambiental 17. Desinfección concurrente 18.
Desinfestación 19. Eliminación de roedores 20. Eliminación de vectores 21.
Eliminación sanitaria de heces humanas 22. Eliminación sanitaria de la basura
23. Esterilización de agujas y jeringas 24. Examen de donantes de sangre 25.
Fumigación 26. Grupos de Ayuda Mutua (GAM) 27. Higiene personal 28. Legislación
sanitaria 29. Mejoramiento de la vivienda 30. Mejoramiento del estado
nutricional 31. Modificaciones conductuales y actitudinales 32. Pasteurización
de productos lácteos y otros alimentarios 33. Promoción y uso de preservativos
34. Protección de los abastos de agua 35. Quimioprofilaxis 36. Recomendaciones
sanitarias por medios masivos de comunicación (Comunicación de Riesgo) 37.
Regulaciones de seguridad sanitaria 38. Rociamiento de viviendas 39. Tamizaje
de sangre y hemoderivados
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